Canonización

El Milagro que lo Cambió Todo.

En 1985, un niño de cinco años fue diagnosticado con una enfermedad grave: un linfoma linfoblástico difuso, una forma agresiva de cáncer que afecta los ganglios linfáticos. Los médicos fueron claros con la familia: no había esperanza de vida. El diagnóstico era devastador, y el tratamiento ya no daba resultados. Todo parecía perdido.

Pero cuando la ciencia se detuvo… la fe comenzó a actuar.

La familia del pequeño, movida por la devoción y la confianza en Dios, comenzó a rezar al Beato Hermano Pedro. Con profunda fe, se organizaron oraciones pidiendo su intercesión. Una hermana Bethlemita, Sor Georgina, le visitaba y donde él sentía dolores le colocaba una reliquia del Beato y, en ese momento, el infante sentía un alivio del dolor. Fue un acto sencillo, pero lleno de amor y confianza.

Poco a poco, algo extraordinario sucedió: el cáncer comenzó a desaparecer. Los médicos, sorprendidos, realizaron nuevos exámenes. El resultado fue inexplicable desde la medicina: el niño se curó por completo, sin ninguna secuela. Fue un caso fuera de toda lógica clínica.

Con todos los estudios aprobados, el Papa Juan Pablo II anunció que Pedro de San José Betancur sería declarado Santo.

La ceremonia de canonización se celebró el 30 de julio del año 2002, en la Ciudad de Guatemala, durante la visita pastoral del Papa. Fue un día histórico: el primer santo nacido en Centroamérica había sido elevado a los altares.

Miles de personas asistieron a la misa, incluyendo Adalberto González, ya adolescente, quien recibió la comunión de manos del Papa, como un gesto profundo de gratitud y esperanza.